miércoles, 6 de abril de 2016

DEPENDENCIA EMOCIONAL: YO LA SUPERÉ CON PSICOANÁLISIS


Quería traeros una experiencia personal. Comencé a estudiar psicoanálisis porque había una persona muy cercana a mí que padecía psíquicamente de síntomas que le impedían relacionarse y vivir una vida satisfactoria. Cuando me dijeron que también a parte de estudiar, yo tendría que estar en mi análisis personal me entró mucho miedo y estuve meses dándole vueltas, dándole forma a esa decisión. Lo primero que pensé fue pero si yo estoy muy bien ¿para qué voy a psicoanalizarme?En el fondo tenía mucho miedo de transformar cosas en mí que sabía que tampoco me hacían felices y que no entendía. Fue una experiencia para mí impactante porque el hecho de poder hablar en voz alta todo lo que se me pasaba por la cabeza me produjo tal liberación, un conocimiento de mí misma , una transformación a lo largo de estos años muy importante. Me he dado cuenta que estamos ciegos a nosotros mismos y que hay cosas que me pasaban en mis relaciones que se me repetían una y otra vez y me hacían sentir mal y perdida.
Yo sufrí de dependencia emocional, ahora lo sé, pero en ese momento estaba ciega, no me daba cuenta de nada. Vivía en mi burbuja particular, ajena al mundo, creyéndome que todos los demás se equivocaban. Entre mis síntomas, ahora lo puedo decir, estaban la ausencia total de límites y problemas morales: lo que está bien, lo que está mal. Con tal de sentirme amada era capaz de cualquier cosa. No me regía ningún principio, solamente el de las exigencias del “amor”, que en realidad deberíamos llamarlo “enamoramiento”, que es como una locura mental transitoria. Dejé de mirar por mí, porque me sentía egoísta si lo hacía. Cuando en realidad, el mirar por ti, es mirar por la relación misma y por muchas otras personas, porque una vida sostiene a más de diez, somos una cadena. Detuve mi crecimiento personal y laboral porque me sentía culpable si yo estaba feliz y realizada. La otra persona que siempre estaba mal y encima exigiéndome renuncias, yo creía que estaba en mi obligación como ser humano (un pensamiento muy cristiano) estar ahí ayundándole cuando en realidad lo que estaba era ahogándome, yo ponía mi otra mejilla y me golpeaba, vaya si me golpeaba, simbólicamente hablando. Ahora aprendí que nadie se salva si no se quiere salvar y que una persona no puede hacer de terapeuta de otra sin marcar unas pautas en las que uno hace de profesional y otro de paciente (uno recibe el pago por su trabajo y el otro paga), así se evita que se vuelva una relación “loca” de que tú me debes, yo hice por ti, tú tienes la obligación de ayudarme porque estás conmigo..
Pero no es sino transformándose uno mismo que evita tener este tipo de relaciones porque una relación de “dependencia” emocional remite a la etapa de dependencia infantil con nuestra función madre que era tan vital y necesaria para que no muriéramos. Digamos que a veces una madre sobreprotectora que nos hace muy dependientes de ella o incluso no haber resuelto de una manera adecuada el Complejo de Edipo (el pasaje que nos hace pasar de la relación única con la madre al mundo por la llegada del tercero, o la ley, el Nombre del Padre) provoca que nuestras relaciones en la etapa adulta sigan siendo una relación infantil con nuestra madre. Esa es la raíz de la dependencia emocional. No es que seas más bueno/a, o un/a santa, o un cacho de pan, eres un pequeño/a niñ/a en los brazos de tu madre queriendo hacer con esa relación o relaciones lo mismo. A veces también uno hace de madre tapando bocas demandantes. Te sometes porque a la vez también sometes al otro para que todo sea inamovible y para siempre, vamos, una ilusión condenada a la hostilidad.
Un delirio que no puede llegar a ninguna parte, solamente a la enfermedad, a la insatisfacción y la culpa. Si yo pude, tú también puedes. Con psicoanálisis tus relaciones estarán en el orden del amor, de los límites, de los pactos, y del deseo.


Laura López Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: +34 610 86 53 55

jueves, 18 de febrero de 2016

IMPOTENCIA SEXUAL


Laura López,          
Especialista en Sexualidad y 
Terapia de Pareja      
Presencial y online    
Telf.: 610 86 53 55    
lalgpsico@gmail.com   

martes, 2 de febrero de 2016

jueves, 28 de enero de 2016

HASTA QUE EL SÍNTOMA NOS SEPARE


Hay relaciones de pareja que, vistas desde fuera, podría parecer que no tienen sentido alguno y que es incomprensible que permanezcan juntos a pesar de las discusiones, de la relación tan tormentosa, de la apatía o simplemente de las idas y venidas que se prolongan en el tiempo.
Es importante que sepamos que una situación que se repite es porque hay un goce en ella. Goce es aquello que le da sentido, que sin ello no tendría razón de ser, es como una especie de satisfacción. Es muy paradójico, porque para pensarlo tenemos que acercarnos desde la teoría psicoanalítica, que nos muestra cómo funciona nuestra mente en profundidad, cómo son nuestros mecanismos psíquicos. Digamos que hay una parte inconsciente que es de donde provienen nuestros afectos, nuestros sentimientos, nuestra memoria...es una forma de energía que necesita manifestarse y cuando sale al “exterior”, es decir, a lo que llamamos conciencia, aparece de una manera deformada por la acción de ciertos mecanismos antes de atravesar la censura, esa puerta que no permite la entrada de los elementos reprimidos provenientes del inconsciente por ser escandalosos para la moral, y que por otro lado son la energía que mueve el motor de nuestro vivir. …. Pues bien, lo que puede parecer algo muy displacentero para la conciencia el psicoanálisis nos ha demostrado que hay un goce inconsciente ahí, por eso se repite. Por ejemplo, todos sabemos del masoquismo.
Cuando en una relación hay situaciones que aparentemente son dolorosas, se repiten, hay como un “enganche” que es ese goce del que hablamos y que en realidad es lo que une a la pareja, es digamos, un síntoma en la pareja. No es el amor lo que los une, sino ese síntoma, esa satisfacción sustitutiva (que puede ser por ejemplo buscar inconscientemente castigo para aliviar una culpa inconsciente de ahí que la relación sea tan tormentosa, o repetir una situación conflictiva familiar de la familia de origen, donde la pareja es un fantasma emocional de ella). Hay parejas que comienzan a “curarse” de eso que los ha unido, que hace que “encajen” de una manera perfecta, donde cada uno hace un papel y que cuando el síntoma desaparece, también la relación se rompe o comienzan, trabajándolo en análisis, a transforman su manera de amar, a producir un amor basado en el bienestar. Porque ¡cuidado! puedes estar así toda la vida, unidos por el síntoma.

Laura López Psicoanalista Grupo Cero
y especialista en Terapia de Pareja y Sexualidad
Telf.: 610 86 53 55


lunes, 7 de septiembre de 2015

LA SEPARACIÓN EN EL SENO FAMILIAR ¿DESESTRUCTURACIÓN?


Laura López Psicoanalista y Psicóloga
Telf 610865355            
www.psicoanalistaenmalaga.com

ESTO NO ES LO QUE YO CREÍA Y/O ESPERABA



  Los años, la convivencia, el cambio que supone del noviazgo al matrimonio... son cuestiones que sirven como referencia a la hora de explicar una situación de crisis en la pareja o de planteamiento de la separación. La desilusión, las discusiones continuadas, la falta de deseo...se hacen presenten en el día a día e imposibilitan mirar más allá de un presente que cae en el abismo.
¿Pero qué hay detrás de esas “explicaciones” por otro lado tan ideológicas y que parecen tan normalizadas?
   Es necesaria la desilusión para comenzar a conversar, para construir un amor tocado por la palabra y más real. Cada persona tiene en su cabeza un ideal, algo que espera o cree, que no es otra cosa que él o ella misma reflejado/a en el otro/a o bien una estela de nuestros primeros objetos amorosos, es decir, la familia (padre, madre, hermanos/as). Tras toparse con la realidad, con otro ser que es semejante pero diferente, comienzan los problemas porque todos somos narcisistas y precisamente esas pequeñas diferencias son las que nos generan cierta hostilidad con el otro. Es muy común las peleas por cuestiones familiares o luchas de poder en cuestiones del hogar: que si esto se hace así, esto es lo normal, a mí me han educado así, criticar a la familia del otro... Esto tiene que ver con las diferencias que son muy intoleradas, donde se intentan repetir los respectivos modelos familiares, cosa por otro lado imposible, porque esas relaciones ya tuvieron lugar y hay que aprender a construir la propia con la persona que queremos convivir.
  A veces no sólo la intención cuenta, porque aunque es un paso importante el querer transformar una situación, a través de esas discusiones tan “tontas”, de los problemas sexuales, etc. se habla más allá de la palabra cuestiones que se encuentran reprimidas y que tienen que ver con maneras de pensar el amor, cuestiones con el deseo, con la maternidad, la paternidad, fantasías inconscientes, pensamientos que ni siquiera sabes que piensas pero que se reflejan en la manera de relacionarte y de sintomatizar. Hace falta de una escucha psicoanalítica para determinar de qué se está hablando realmente, que otra conversación encubierta se sostiene a través de esas “tonterías” que llegan en ocasiones a reproducir un auténtico campo de batalla. Cuando una discusión es muy exagerada, sospecha: hay algo más detrás que no podéis hablar y que desconoceis hasta vosotros mismos.
   Cuando las relaciones se hacen más consolidadas, hay más compromiso y se hacen más públicas, a todos los seres humanos les ocurre que en mayor o menor medida disminuye el deseo. Sigmund Freud nos hablaba de la clandestinidad de las relaciones, que hacen que se potencie el deseo, pues tiene que ver con lo prohibido, con el complejo de Edipo. Por eso que el hecho de contraer matrimonio puede poner en cuestionamiento a muchas parejas el hecho de si se siguen amando o no porque las relaciones se “familiarizan” demasiado (donde a veces se hace el papel de madre e hijo) y porque esa cuestión del deseo y lo clandestino desaparece.
   Mejor consultar con un psicoanalista terapeuta de parejas para poder descifrar y hablar de todo eso que te ocurre y que a la vez no comprendes. Los rumbos que toma el deseo son insospechados.
Laura López Psicoanalista y psicóloga
Telf.: 610 865 355

www.psicoanalistaenmalaga.com